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El niño celiaco


La enfermedad celíaca es la intolerancia alimentaria al gluten, que causa lesiones en las vellosidades intestinales provocando una mala absorción de nutrientes (grasas, azúcares, proteínas, vitaminas y minerales). Los síntomas más frecuentes son pérdida de apetito y peso, diarrea crónica, distensión abdominal, alteraciones del carácter y en casos extremos retraso en el crecimiento. Pero en ocasiones no se manifiestan retrasando su diagnóstico. El gluten es una proteína, presente en cereales como trigo, cebada, centeno, avena y sus derivados (pan, galletas, pastas). El maíz y el arroz no contienen gluten.


El tratamiento es estrictamente alimentario: dieta sin gluten. La lesión intestinal se revierte sin su presencia en la dieta y mientras no se lo vuelva a consumir.


Para que los padres puedan sentirse seguros y tranquilos al dejar a su hijo en la escuela, los responsables del comedor deben saber qué cuidados tener al prepararle los alimentos. Los maestros, personal del centro educativo, niñeras y padres de amigos, deben estar informados sobre la importancia de mantener los alimentos con gluten fuera de su alcance.


Para evitar situaciones de contaminación:

  • Utilizar utensilios diferentes de los que se utilizan para preparar los otros alimentos o lavarlos cuidadosamente para evitar su contaminación.
  • Las superficies de elaboración deben diferenciarse y separarse del resto.
  • Almacenar los alimentos sin gluten, etiquetados y por separado.
  • Limpiar los aceites para evitar restos de gluten (harinas).
  • Las mantequillas, mermeladas, etc., se deben identificar para que no tengan restos de pan o galletas con gluten.
  • Si trae la comida de su casa, asegurarse de que no coma o beba alimentos de otros niños.
  • En celebraciones y aniversarios, de llevarse un pastel, galletas o golosinas, avisar a la familia con antelación, para poder aportar un sustitutivo sin gluten, para que participe como uno más.
  • Cuidar el cumplimiento de las normas para minimizar errores y de cometerse, informar a los padres.

Ellos aprenden a distinguir su comida, a preguntar si pueden comer antes de probar y a rechazarla si no lo pueden saber. El autocontrol que van adquiriendo es fundamental para su calidad de vida y necesitan apoyo y comprensión del adulto.


La enfermedad celíaca no interfiere con el rendimiento escolar. Los responsables de los centros educativos deben conocer y entender a los niños celíacos, evitando situaciones que supongan una discriminación pasiva, protegiéndolos y facilitándoles la normalidad que les corresponde.


Lic. en Nutrición Sandra Broder