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Las personas que traen un niño al mundo deben reconocer de antemano la obligación básica que tienen con la criatura de proporcionarle el cuidado cariñoso y la atención física que esta requiere. También debe aceptar la obligación que tiene de proporcionar a su hijo la guía moral que necesita. No existe ningún rol más importante en la vida que criar a un niño hasta que se convierta en un adulto responsable. Al nacer, el hombre es puro, libre de todo pecado. La oración matutina cotidiana tomada del Talmud lo expresa en forma sucinta: “Di-s mío. El alma que me has dado es pura, tu la creaste, tu la modelaste, Tú me la fundiste.” “Bendito serás en tu llegada” se interpreta con el significado adicional “A tu llegada a este mundo”. Es solamente en el curso de la vida que se acumulan los actos contrarios a la voluntad de Di-s, haciendo caer el alma. El camino fijado por los padres para su hijo durante los primeros días y sus tempranos años merece la más seria atención y reflexión sobre el tema.
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