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Según la tradición judía, el hombre ha sido creado a imagen y
semejanza de D’os. Sin embargo, a menudo se aparta de la buena senda. Esto
originó la idea de "teshuvá", que ocupa un lugar prominente en las plegarias
de Rosh Hashaná y de Iom Kipur. Consiste en estimular al ser humano para que
no pierda el ánimo, para que siga confiando en sus propias fuerzas: siempre
hay un camino de retorno. La idea de "teshuvá" como regalo del cielo, patrimonio de toda la Humanidad, se expresa claramente en un texto bíblico: el Libro del Profeta Jonás ("Séfer Ioná"). D’os envía al profeta judío Jonás a Nínive, en Asiria, la ciudad donde reina el pecado. Quiere que llame a sus habitantes al arrepentimiento, para concederles el perdón. Jonás se resiste, pero D’os lo obliga a cumplir su cometido, porque la piedad divina abraza a todos los hombres sin distinción. Por último, la gente de Nínive escucha al profeta, se arrepiente de sus pecados y es perdonada. No es casual que esta historia eminentemente universalista sea leída en las oraciones de la tarde ("minjá") durante los oficios religiosos de Iom Kipur.
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